El usuario digital ha enfrentando la evolución de internet desde que éste dejó de ser un mecanismo bélico de comunicación. Ello permitió que la información se multiplicará, la capacidad de distribución creciera geométricamente y que el almacenamiento en dispositivos domésticos resultara insuficiente cada cierto tiempo. Los usuarios demostraron un amplio interés en adquirir servicios de almacenamiento en la Nube, sin embargo, éste aún se enfrenta al hermetismo social que se alimenta de leyes tradicionales y practicantes del derecho que presumen la inseguridad en tales mecanismos.

Ello inclinó la balanza a favor de servicios de Streaming (retransmisión), que permite a los cibernautas contar con una transmisión continua a través de un búfer de datos que se almacena limitada y temporalmente en los dispositivos. Para el año 2000 el modo más popular y rentable para transmitir música y video, era a través de la retransmisión digital en plataformas como Youtube, Netflix y Spotify, quienes buscaron contar con la mayor cantidad de usuarios suscritos a sus servicios, otrora gratuitos y libre de publicidad. Sin embargo, la fase 2 en cada uno de ellos, incluyó espacios publicitarios, contratos con patrocinadores, product placement y cuentas Premium que prometen una mejor experiencia.

A pesar del éxito del Streaming en nuestros días, parece insuficiente para un sector de cibernautas que consideran ociosa la falta de portabilidad de las obras musicales y audiovisuales, máxime que la aparición de las modalidades Premium en los portales de referencia, generó pobrísimas experiencias en el modo estándar o “visitante”, con anuncios obligatorios, bibliotecas digitales restringidas y consumo de datos (internet portable) innecesarios. Así, plataformas como Youtube-mp3, Mp3skull.com, Stream Ripper brindaron a los usuarios una experiencia ad hoc a sus necesidades: portabilidad, interoperabilidad y manipulación en entre formatos, extensiones y calidad de las obras artísticas. El Stream Ripping les permite tomar el URL de un portal legal -como Youtube-, copiarlo dentro del portal ilegal y descargarlo en la extensión que más se adecua sus necesidades y capacidad de almacenamiento. Esta forma adquiere un archivo ilegal y una reproducción no autorizada de la obra audiovisual, musical o cinematográfica para ser “consumida” en el dispositivo portátil o personal de su preferencia, offline.

¿Son legales los sitios de Stream Ripping?

La Oficina de Propiedad Intelectual del Reino Unido lo define como los servicios que, “proporciona cualquier sitio, programa de cómputo o aplicación que provee a los usuarios la facultad de descargar contenido sin permiso, por lo tanto ilegal, desde un servicio de transmisión a cargo de terceros, para ser usado sin conexión.” A parecer de quien escribe, el argumento es poco sólido para obviar la ilegalidad de estas plataformas, ya que en México, en términos de la fracción iv, del artículo 148 de la Ley Federal del Derecho de Autor, tenemos facultad de utilizar obras literarias artísticas y literarias ya divulgadas, asimismo, reproducirlas por una sola vez, y en un solo ejemplar, para uso personal y privado siempre que esto ocurra sin fines de lucro. Por otro lado, el Convenio de Berna para la protección de las Obras Literarias y Artísticas (administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual desde su concepción en París el 9 de septiembre de 1886 [más sus diversas enmiendas]), permite el libre uso de la obra en términos de los artículos 10 y 10 bis, siempre que: i) Se cite la fuente, ii) Sea con fines de ilustración o enseñanza y iii) Se mencione la fuente y el autor.

Es decir, existen apartados normativos que podrían defender loablemente la existencia del stream ripping, sobre todo en tratándose de copias privadas y de uso personal con fines de enseñanza, crítica o periodismo. A priori, las plataformas que señala el estudio británico únicamente brindan el mecanismo auxiliar para la comisión de la conducta del cibernauta que, a posteriori, podría generar la conducta ilícita o ilegal, siempre que no se realice en los términos de lo dispuesto en los preceptos antes invocados. Pero, ¿dichos ordenamientos son suficientes para defender el uso de estas plataformas? La respuesta parece ser no, toda vez que, si bien existen facultades para reproducir, una sola vez y para uso personal ciertas obras artísticas, no menos cierto es que existen Derechos Morales que se ven afectados con esta conducta (divulgación e integridad); no sólo por las modificaciones que sufre la obra protegida al ser víctima del proceso del Stream Ripping, sino por la evidente alteración de la fuente de procedencia de la “copia” no autorizada que se produjo con dicha conducta.

“Pronto la piratería digital rebasara ordenamientos como la Ley Federal del Derecho de Autor, el Convenio de Berna y quizá, hasta la famosa Digital Millenium Copyright Act.”

Por otro lado, aquellas plataformas que brindan el servicio de streaming ilícito violan las políticas y términos de los portales legitimados para la retransmisión, asimismo, ofrecen espacios publicitarios que permiten acreditar el lucro indirecto de su actuar. De esta forma, es que se logra vincular y responsabilizar sobre las ilegales y no autorizadas reproducciones (retransmisiones) a los portales que ofrecen dicho servicio. Criterios internacionales parecen sostener dicha postura. Tan sólo en enero de 2016, un juez federal de los Esta- dos Unidos de América, condenó a Mp3skull.onl pagar la cantidad de 22 millones de dólares a favor de los autores y titulares de derechos patrimoniales por concepto de indemnización, adicional a la desaparición (shut down) del sitio para descarga libre e ilegal de música; en septiembre de ese mismo año, compañías discográficas de Estados Unidos y Reino Unido hicieron lo propio en contra de Youtube-mp3.org.

En algunos países del Reino Unido, se confirma que al menos el 57% de la población adulta usa servicios de transmisión ilegal y que el stream ripping constituye la principal causa de violaciones en materia de derechos de autor con el escandaloso número de 68.2%. Pronto la piratería digital rebasará ordenamientos como nuestra Ley Federal del Derecho de Autor, el Convenio de Berna y quizá, hasta la famosa Digital Millenium Copyright Act; ello hace prudente aseverar que debemos mirar hacia convenios sobre cibercriminalidad como el Convenio de Budapest, que brindan un panorama mejor preparado para enfrentar los retos de nuestro ciberespacio.

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