Lic. Jaime A. Díaz Limón

Especialista en Propiedad Intelectual en el ámbito Digital.

 

 

 

 

En octubre de 2016 el joven australiano Ali Ziggi Mosslmani demandó a los diarios Sydney’s Daily Telegraph, The Daily Mail y el Australian Radio Network, por “difamación”[1], derivado de la publicación en la cual se exhibe una fotografía con su imagen durante una fiesta local. Dicha fotografía viralizó debido a su extraño corte de cabello, sin embargo,  a parecer del actor, dicha fotografía se tomó sin su autorización y se subió a las redes sin contar con su visto bueno. A su vez, Keisha Johnson, mejor conocida en Instagram y el reino de los memes como “Confused Black Girl”, presentó una demanda millonaria -500 millones de dólares- (2014) en contra de la plataforma por permitir que su imagen se viralizara, afectando la percepción que otros tienen de ella, respecto a su verdadera apariencia física. En este caso, la demanda fue desestimada al no acreditar la responsabilidad de la red social respecto del comportamiento de los usuarios[2]. En ambas hipótesis, se advierten usos indebidos de la imagen de terceros, empero ¿existe responsabilidad derivada del uso ilícito o no autorizado de nuestra imagen en redes sociales?

Históricamente, la protección de la imagen se reconoce desde el Derecho Romano, como una prerrogativa a favor de los Emperadores, Generales y Gladiadores que morían con honor en batalla o en el coliseo. (Derecho de Arenas).  Alrededor del mundo, la protección de la propia imagen desde el punto de vista del derecho positivo ha crecido desde hace varios años, por ejemplo, en Brasil cuentan con la Ley de Arena o Ley Pelé (1973) que protege el uso de la imagen de los deportistas y el derecho exclusivo para la transmisión de la misma a través de señales de televisión o internet. Conforme el Derecho de Arena romano se consagró en diversas legislaciones, éste adoptó el apellido de “propiedad intelectual”, específicamente, desde el lente de los Derechos de Autor. Al parecer de algunos teóricos, la protección que existe en el caso mexicano, se restringe al uso del artículo 87 de la Ley Federal del Derecho de Autor, en correlación con el diverso 231, fracción II de la propia Ley. En tales apartados se regula el uso de la imagen de terceros en fotografías, se delimitan los casos de excepción en los cuales no se requiere la autorización del titular y, por último, se fijan las sanciones por el indebido o ilícito uso de la imagen de terceros. Sin embargo, la protección de los derechos de personalidad -entre ellos el de propia imagen- no concluye en leyes de propiedad intelectual, sino que esto ha trascendido al mundo del derecho civil, constitucional y penal.

En el ámbito Federal, el artículo 1916 del Código Civil Federal define que el daño moral se origina por la afectación a una persona en “…sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspectos físicos, o bien en la consideración que de sí misma tienen los demás.” De este precepto se distingue:

  1. El surgimiento del interés jurídico a favor de personas morales, quienes podrían intentar la acción en todo lo que resulte aplicable, por analogía, a su esfera jurídica.
  2. La acción no puede transmitirse a terceros por actos entre vivos y sólo puede heredarse cuando la misma se intentó en vida.
  3. Permite la aplicación de la responsabilidad solidaria sobre aquéllos que hubiesen generado un daño en común.
  4. Inaplicabilidad de las leyes civiles sobre el ejercicio de la Libertad de Expresión, que se regula en los artículos 6° y 7° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Por lo que refiere al último punto, nuestro Constituyente promulgó la Ley Reglamentaria del Artículo 6°, Párrafo Primero de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, en Materia del Derecho de Réplica (Noviembre 2015), cuyo artículo segundo, define a éste como: “…El derecho de toda persona a que sean publicadas o difundidas las aclaraciones que resulten pertinentes, respecto de datos o informaciones transmitidas o publicadas por los sujetos obligados, relacionados con hechos que le aludan, que sean inexactos o falsos, cuya divulgación le cause un agravio ya sea político, económico, en su honor, vida privada y/o imagen.” La ley permite iniciar el procedimiento ante sujetos obligados –inclusive respecto de personas que hubiesen fallecido-, la imposición de multas y, en su caso, inicio de un procedimiento jurisdiccional ante autoridades Federales.

En la Ciudad de México se castigaba penalmente las “Violaciones a la Intimidad y Vida Privada”, sin embargo, aquéllos tipos penales se derogaron para permitir el surgimiento de la Ley de Responsabilidad Civil para la Protección de la Vida Privada, el Honor y la Propia Imagen para el Distrito Federal. La ley de referencia contó con buena aceptación, sin embargo, ha tenido una indebida aplicación al pretenderse invocar en procedimientos de orden Federal.

Bajo tales consideraciones: ¿podríamos reclamar a usuarios en la red que abusan del uso de nuestra imagen en redes sociales? Y ¿podríamos responsabilizar -jurídicamente- a la red social por no impedir el comportamiento? Sí, en ambos casos. Lo anterior, toda vez que así lo ordena nuestra Suprema Corte de Justicia en diversos precedentes al proteger -dentro de los derechos de personalidad- la dignidad humana prescrita en el artículo 1 de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos[3], además que la dignidad humana es el pilar de los derechos fundamentales. Por otro lado, la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José Costa Rica (1981) reconoce que toda persona tiene derecho al respeto de su honra y reconocimiento a su dignidad (Artículo 11)[4].

No obstante que al momento de acceder a una red social, aceptamos las diversas e infinitas condiciones de uso, dicho click wrap agreement únicamente es operante en la cibersociedad, sin embargo, no impide que se ejerzan cualesquiera derechos legalmente concebidos, derivado de conductas que generen un efecto en el mundo off line. Por otro lado, parece justo afirmar que existe responsabilidad solidaria de las redes sociales que no bajen el contenido que afecte la más sensible esfera jurídica de un cibernauta. Es decir, en tratándose de violaciones a derechos fundamentales de personalidad, entre ellos la propia imagen, no sólo se pueden iniciar los procedimientos auto-compositivos que propone la red social, sino que es permisible iniciar procedimientos cómo los antes referidos.

[1] DAKEVYCH, Alex. The Australian Teen suing for mullet memes. BBC Trending. BBC News. Noviembre 2016. Puede consultar la nota completa a través de vínculo http://www.bbc.com/news/blogs-trending-37838197

[2] 24 HORAS. Joven demanda a Instragram tras ser usada como meme. Diario 24 horas. Julio 2014. Puede consultar la nota completa a través del vínculo http://www.24horas.cl/tendencias/espectaculosycultura/joven-demanda-a-instagram-tras-ser-usada-como-meme-1321986

[3] Seminario Judicial de la Federación. Dignidad Humana, el Orden Jurídico Mexicano la Reconoce como condición y base de los demás derechos fundamentales. Tesis P.LXV/2009. Tomo XXX, Diciembre de 2009, Novena Época.   

[4] Convención Americana sobre Derechos Humanos. Puede consultar el texto íntegro a través de https://www.colmex.mx/assets/pdfs/4-CADH_51.pdf?1493133911

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