Lic. Jesús A. Aquino Rubio

La confusión inició al escuchar con bombo y platillo que sería una celebración espectacular, llena de músicos, gratuita, y que la familia no podía dejar de asistir. Y es que mi mente -que aún funciona, a veces mejor con golpes de café-, tenía la sensación que no había pasado un año de haber celebrado a los músicos. La confusión fue mayor, cuando el locutor afirmaba que se trataba de una celebración internacional, y fue ahí en donde el mareo llegó a su punto álgido, la explicación no parecía sencilla; en efecto, la tesis se confirmó: una rara mezcla de mitología griega, política, campos elíseos, tormentos medievales, ondas hertzianas y el sonido del violín, se entrelazan en una historia que tiene un final feliz.

Pero no se debe pensar que es una confusión vaga, por el contrario, al menos existen 3 celebraciones en el año que se difunden como el “Día Internacional de la Música”, lo cual no parece mayor problema si eres músico, porque nadie se enoja de recibir 3 regalos en el año, pero sin duda genera, al menos, una elegante curiosidad por comprender en qué punto del camino se bifurcó la fiesta. En mucho ayuda a desenredar este nudo, una taza de café, su amable lectura, y Bonifacio viii, de quien tomaremos la máxima Prior in tempore, potior in iure1 , haciendo nuestro análisis conforme a sus fechas de celebración. Ello nos remite a la visión de paraíso heredada por la mitología griega, y que fue inspiración para bautizar uno de los paseos mas hermosos de Europa: los campos elíseos.

Si usted estuvo ahí a finales de los 70’s, disfrutando caminar por esa bella vereda urbana, y lo hizo como lo estilaba la juventud de la época, escuchando Radio France, seguramente también oyó la propuesta titulada, Saturnales de la Musique. Ésta buscaba que los músicos deleitaran públicamente con sus ejecuciones en fechas especiales y horarios específicos, de manera concreta durante los solsticios de verano e invierno , y en horario nocturno. La propuesta fue ideada por un músico norteamericano, Joel Cohen, quien en 1976 trabajaba para Radio France, y pudo ver materializada su propuesta el 21 de junio de ese año en Toulouse, en una presentación de músicos en vivo. Y así, tal como lo explicaron los presocráticos, la idea maduró, sufrió una transformación, inició de una manera y no volvió a ser la misma al enriquecerse con otras que la modificaron, concretamente de que la práctica musical debe respetar su origen popular, abierta a todo el mundo, de fácil acceso y difusión.

Esa concepción es defendida por Maurice Fleuret, quien desde la dirección de la música y el baile del ministerio de cultura francés, crea oficialmente en 1982, la “Fiesta de la Música”, dando como resultado que el 21 de junio de ese año, cientos de músicos salieran a las calles a tocar, en un horario entre 8:30 y 9 de la noche. Podrá imaginar querido lector la fiesta que se armó. Para redondear la celebración, Jack Lang, entonces ministro de cultura, estableció que sería gratuita, abierta, sin distinguir géneros o prácticas musicales.

Dejó de ser una fiesta francesa en 1985, con motivo de la celebración del Año Europeo de la Música, realizada simultáneamente en ese continente, y se consolidó con la carta titulada, La Fiesta Europea de la Música, firmada en Budapest en 1997, en donde se consagran sus principios distintivos, como su gratuidad. Así, quedó establecida el 12 de junio, y ahora se replica en 85 países, México incluido, bajo el nombre de Día Mundial de la Música o Fiesta de la Música.

Al brincar 3 meses en el calendario, llegamos a nuestra segunda celebración, siendo el 1 de octubre, es conocida como el, “Día Internacional de la Música”. Encuentra su origen en la unesco para reconocer y promover las diferentes formas de expresión musical, como el canto, la danza, el folclor, la mezcla de sonidos, lo instrumental, entre otros, para que las personas promuevan la paz y la amistad, de acuerdo a la cultura de cada país. Ese día se realizan clases abiertas, charlas, conciertos, publicaciones y espectáculos callejeros, que demuestran la belleza de la música y promueven los valores universales citados. Fue el famoso violinista Yehudi Menuhim quien como Presidente del Consejo Internacional de Música de la unesco, consolidó la iniciativa para esta celebración internacional.

Nuestra tercera gran celebración es en noviembre, específicamente el 22, día en honor a Santa Cecilia, denominada patrona de los músicos, pero también de los poetas y de los ciegos. Su origen es diferente, evidentemente tiene un estrecho vínculo con la religión y con los procesos mediantes los cuales la iglesia católica distingue como santos a personas. Cecilia vivió en Roma entre el siglo ii y iii, y fue condenada a muerte. La causa fue convertir a numerosas personas al cristianismo. La ejecución de su sentencia fue morir en martirio; pero cuando se cumplía el castigo Cecilia se dedicó a cantar, demostrando valor y temple. Este hecho fue de inspiración tanto para los pintores de la edad media, quienes la retrataban incluso tocando instrumentos, como para el papa Gregorio XIII, quien en 1594 la proclamó patrona de la música. La internacionalización surgió cuando a finales del siglo XVII se realizaron de manera recurrente, fiestas de celebración a Santa Cecilia en Francia, España y Alemania. Brasil fue el primer país latinoamericano en organizarla entre 1919 y 1920; hoy, también es mundial y con gran arraigo en nuestro país, en donde todos los estados de la república mexicana recuerdan la ocasión manifestando felicitaciones y parabienes a todos los músicos.

Después de leer un poco más sobre las 3 celebraciones, se comprende como esa rara mezcla de mitología griega, política, campos elíseos, tormentos medievales, ondas hertzianas y el sonido del violín, explican porque en México tenemos al menos 3 fechas cuya denominación es muy parecida, y todas se identifican como días Internacionales de la Música. El final feliz no puede ser otro, merecido es honrar a la música, fiel compañera del hombre en la tierra durante todos los tiempos, así como de todos aquellos que le dan vida con sus ejecuciones; pero la historia no termina ahí, también están los días mundiales del Jazz, del Canto, la Poesía, entre otras celebraciones que tienen un vínculo muy especial. Al menos así lo demostró la última entrega del premio nobel en literatura a Bob Dylan, pero esa será tema de otra entrega.

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