La justicia terapéutica no abarca únicamente el ámbito penal, otras disciplinas del Derecho pueden beneficiarse de ella.

Las bondades de la Justicia Terapéutica (JT) y los beneficios que brinda al sistema judicial han obligado a las autoridades a ponerle más atención y establecer mayores puentes de acercamiento para su instauración. México ha sido uno de los países que miran con buenos ojos esta opción, al grado de que organismos de talla internacional como la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica, cuenta entre sus filas con juzgadores mexicanos; como lo es el Magistrado Luis Enrique Osuna, quien funge como su Vicepresidente.

En entrevista con Foro Jurídico, comparte los orígenes de la JT en América Latina, así como los retos que enfrenta nuestro país para su instauración en el ámbito nacional. Se muestra satisfecho por el trabajo realizado, sin embargo, asevera la necesidad de ampliar los beneficios a otras ramas del Derecho y poner especial atención en la profesionalización de los operadores del sistema judicial en nuestro país.

La Justicia Terapéutica, (“TJ” por sus siglas en ingles= Therapeutic Jurisprudence), nace a finales de los años 80s en Estados Unidos, bajo un concepto acuñado por el Dr. David Wexler y Bruce Winick como resultado de su trabajo en el área de la salud mental. Se define como la rama del Derecho que estudia las consecuencias positivas y negativas que el Derecho Positivo (Leyes, Reglamentos y demás ordenamientos legales), los procedimientos y la actuación de los actores legales pueden causar en el bienestar emocional de las personas.

El Magistrado Enrique Osuna destaca que la Justicia Terapéutica busca un Derecho más humano, pretende entender al sistema legal y de justicia con otros ojos, de una manera incluyente. No es una teoría, no es una filosofía, sino una perspectiva interdisciplinaria que pretende identificar aquellos efectos no deseables derivados de la aplicación de las leyes, procedimientos y del actuar de sus operadores y que afectan el bienestar emocional de las personas. “Es una herramienta de investigación que busca analizar el derecho de una forma más rica, más completa. Quiere que seamos sensibles a estos aspectos, buscando vías para modificar las normas y procesos jurídicos de tal forma que produzcan efectos rehabilitadores, terapéuticos, positivos, pero salvaguardando siempre los objetivos naturales del sistema legal tales como la justicia y el debido proceso de la ley.”

He tratado de evitar, comenta, que la aplicación de la Justicia Terapéutica se vea condicionada al cumplimiento de determinada finalidad. La naturaleza del derecho en un sistema legal que se precia de justo debe ser tan terapéutica como sea posible. La totalidad del sistema legal debería siempre evitar causar daño a sus ciudadanos, sea físico o emocional. La experiencia de transitar por las calles de los procedimientos legales debería ser tan amable como sea posible y es un deber del Estado el garantizar que así sea.

Justicia Terapéutica en América Latina

Al ser cuestionado sobre los antecedentes de la JT, Enrique Osuna, detalla que el uso de estas herramientas existen desde hace mucho tiempo, no obstante, su aplicación era dispersa y en ocasiones no consciente. “Es común que cuando hablamos de justicia terapéutica muchos jueces y operadores nos comenten ´Yo he venido aplicando esa perspectiva terapéutica, desde hace tiempo´, pero desconocían que se trataba de Justicia Terapéutica.”

Un precedente importante respecto del empleo de la Justicia Terapéutica en América Latina, lo encontramos en los trabajos de la Dra. Martha Frías Armenta (Universidad de Sonora), quien probablemente fue la primera en publicar al respecto en castellano. Podemos decir que la aplicación formal y ordenada de la Justicia Terapéutica en Latinoamérica tiene íntima relación con la conformación de la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica, un trabajo extraordinario y sin precedente comandado por la Dra. Francisca Fariña quien la preside. La directiva cuenta con representación muy significativa de prestigiosos académicos de américa latina, entre ellos: Catalina Droppelmann Roepke y Alberto Amiot (Chile); María Silvia Oyhamburu (Argentina); Daniel Pulcherio Fensterseife (Brasil) y su servidor tiene el honor de ocupar el cargo de Vicepresidente desde 2012.

Es Importante recordar, advierte Enrique Osuna, que 2014, México fue sede del segundo Congreso Iberoamericano de Justicia Terapéutica, organizado en la ciudad de Puebla. El Poder judicial de la entidad, en conjunto con diversas instituciones como el INACIPE, quienes, con una posición visionaria, lo hicieron posible. En el congreso tuvimos expertos de España, Chile, Portugal, Brasil, Argentina, México y de Estados Unidos, recibimos a uno de los padres de la Justicia Terapéutica, el Dr. David Wexler.

Asimismo, puedo comentarles que aunque hemos venido trabajando desde el año 2012, a fines del año 2017, formalmente se constituyó la Asociación Mexicana de Justicia Terapéutica, misma que tengo el gusto de presidir de la mano de importantes académicos de nuestro país como lo son: Dra. Martha Frías (UNISON); Sofía Cobo y Eric García (INACIPE); Olga Galicia  (COMEPPSI); y Luz Anyela Morales (BUAP).

La Situación de México

Luis Enrique Osuna lleva 2 décadas trabajando muy de cerca con el concepto de justicia terapéutica, a lo largo de ese tiempo, ha tenido la oportunidad de analizar su ejercicio en diversos países extranjeros, “tengo muy claro que México representa un campo fértil y amplio para su aplicación”. En el mismo sentido lo expresa, dijo, el Dr. David Wexler, quien ha tenido la oportunidad de visitar nuestro país en diversas ocasiones y está muy conectado con lo que sucede en México. “No se trata de un concepto o teoría extranjera que se pretende imponer en nuestro sistema legal a como dé lugar.”

Es importante advertir que la JT no es una herramienta exclusiva para los Tribunales para el Tratamiento de Adicciones. Incluso, recuerda que el Juez mexicano Demetrio Cadena fue uno de los primeros en Hispanoamérica en aplicar formalmente los principios de la Justicia Terapéutica en el Estado de Nuevo León. “Cuando se escucha Justicia Terapéutica, inmediatamente se piensa en terapia, en rehabilitación, y se vincula naturalmente al derecho penal, sin embargo, los efectos negativos e indeseables se encuentran en todo el sistema legal, y en todas las áreas del derecho, quizá con matices.” Señala que la TJ puede aplicarse al Derecho administrativo, al Derecho familiar, al Derecho fiscal, a los Derechos de los consumidores, al Derecho comercial, Propiedad intelectual, Derecho laboral, Educación jurídica, Ética judicial, responsabilidad civil, adopciones, entre otras. A pesar de lo anterior, su aplicación para el Tratamiento de Adicciones, puedo decir que es el campo más utilizado en México. Su recepción en esta área ha sido significativa y plausible.

Este tipo de tribunales operan desde hace tiempo en Estados Unidos, Canadá, Australia, Chile, Irlanda, Reino Unido, Bélgica, entre otros. En México, tengo entendido que actualmente lo hacen en Nuevo León, Estado de México, Morelos, Chihuahua, Durango y recientemente en Chiapas. Es de reconocerse la labor intensiva y coordinada de las entidades federativas respectivas, la federación e incluso la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), el organismo antidrogas de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Éxito de la Justicia Terapéutica

Es deseable, advierte el también Magistrado de la Sala Regional del Noroeste III Tribunal Federal de Justicia Administrativa, la puesta en marcha de Tribunales para el Tratamiento de Adicciones que operen con la perspectiva de Justicia Terapéutica en el ámbito nacional. Por ello, es importante la existencia de una ley que regule su implementación. Al respecto, debe celebrarse que la Ley Nacional de Ejecución Penal, tiene un capítulo específico sobre Justicia Terapéutica, en donde se establecen las bases para regular, en coordinación con las Instituciones operadoras, la atención integral sobre la dependencia a sustancias de las personas sentenciadas y su relación con la comisión de delitos, a través de programas de justicia terapéutica.

En dicho capítulo, comenta, se especifica que el programa de JT es un beneficio de la sustitución de la ejecución de la pena que determina el Juez de Ejecución, por delitos patrimoniales sin violencia, cuya finalidad es propiciar la rehabilitación e integración de las personas sentenciadas relacionadas con el consumo de sustancias, bajo la supervisión del Juez de Ejecución, para lograr la reducción de los índices delictivos.

El principal reto, desde su punto de vista, sería la capacitación y la sensibilización. Se requiere un reforzamiento importante y apoyado en gran medida, con investigación científica. “Debemos buscar un ambiente interdisciplinario para que la definición de qué debemos entender por terapéutico y anti-terapéutico no se quede en el terreno de la subjetividad.” Es importante entender a la Justicia Terapéutica como una perspectiva aplicable a todas las áreas del Derecho y no solo al área de tratamiento de adicciones.

En ese tenor, propone establecer un esquema claro de la forma en que se implementará la perspectiva de TJ y sus herramientas, mismas que pueden variar de área en área, de etapa a etapa, de procedimiento a procedimiento.  Al tiempo de trabajarse más en la humanización de los operadores del Derecho, de tal suerte que en cada una de sus movimientos, en cada interacción, siempre se tenga en mente el maximizar los efectos positivos de las leyes y disminuir los negativos.

La experiencia de la JT aplicada en diferentes entidades ha sido positivo. Su desarrollo e implementación en México ha sido gradual y constante, incluso imparable para el Magistrado Osuna. Hoy hay menos resistencia al concepto, el foro se empieza a familiarizar con él. Los problemas surgidos son los tradicionales, coincidentes a los suscitados en otros países. “Algunos sienten a la Justicia Terapéutica como una postura muy paternalista, que va en contra de los fines del derecho; pero el tiempo ha demostrado que son más los beneficios.”

Actualmente, existe una Maestría en Mediación y Conciliación, en el Instituto de Estudios Judiciales del Poder Judicial del Estado de Puebla, en la cual se imparte una materia en específico titulada Justicia Restaurativa y Terapéutica, mientras en el estado de Nuevo León recientemente la Dra. Olga Galicia impartió un curso de capacitación para 30 Jueces Familiares con el tema Aportaciones de la Justicia Terapéutica al Derecho de Familia, obteniendo una recepción muy positiva.

Comenta que la Asociación Mexicana de Justicia Terapéutica trabaja en coordinación con la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica como con International Society for Therapeutic Jurisprudence, en donde es parte del Global Advisory Council.

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