“Te amo, desde el primer momento en que te vi, y hace tiempo te buscaba y ya te imaginaba así, te amo, aunque no es tan fácil de decir…” Esas líneas describen, en 1988, la idea de amor eterno, según la visión de Franco de Vita, y son oportunas recordarlas 30 años después, porque febrero, mes identificado en nuestro país con el amor y la amistad, parece que será inédito en la forma de expresar el afecto, principalmente por los métodos con los cuales ahora la sociedad se comunica.

Pero la idea de amor eterno no es nueva, ya se tienen antecedentes de ello.  En la mitología griega, en esa relación especial surgida en el Olimpo entre el famoso músico Orfeo al cortejar con su lira a Eurídice, una de las hijas de Apolo, quienes vivieron una tragedia especial, con final feliz, donde lograron florecer su amor a pesar de todos los obstáculos que encontraron.

Lo que resulta innegable, es que la sociedad actual, ha cambiado no sólo la forma de comunicarse, sino también, la manera de expresarse, al no haber prácticamente ningún impedimento para hablar abiertamente de cualquier tema, incluso la música popular, es transmitida sin moderación alguna en todos los canales electrónicos vigentes.

Decir te amo, ha evolucionado mucho con los años, y la música ha guardado registro de ello.  En los años 20s, Manuel M. Ponce consagró en su tema “Perjura” las elaboradas estrofas: “¡Ay! Cuantas veces la luz del día nos sorprendió, y cuantas otras tus juramentos el cielo oyó. Esos momentos amada mía, no olvidaré, Cuando en tus labios en beso amante mi alma dejé”.

Alberto Domínguez imaginó en los años 30s a su amada hablando con Dios y el Mar, y de forma majestuosa refiere en su tema Perfidia:  “Mujer, si puedes tú con dios hablar, Pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar, Y al mar, espejo de mi corazón, las veces que me has visto llorar, la perfidia de tu amor.”  Nadie ha podido pedir un beso de una forma tan hermosa y elegante como Consuelito Velázquez, que en los años 40s inmortalizó: “Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la ultima vez, bésame, bésame mucho, que tengo miedo perderte, perderte después”. E incomparable y rotunda resulta la confesión de Agustín Lara, al rezarle a su amada: “Solamente una vez, amé en la vida, solamente una vez y nada más.  Una vez nada más en mi huerto brilló la esperanza, la esperanza que alumbra el camino de mi soledad.”

La forma sugerente de pedir intimidad en un marco de amor idílico la proporciona Manuel Esperón: “Amorcito corazón, yo tengo tentación de un beso, que se prenda en el calor de nuestro gran amor, mi amor.  Yo quiero ser, un solo ser, un ser contigo, te quiero ver, en el querer, para soñar.”

La expresión del amor imposible lo brinda, en los años 50s, Armando Manzanero al decir: “Voy a apagar la luz, para pensar en ti, y así dejar volar a mi imaginación.  Ahí, donde todo lo puedo, donde no hay imposibles, que importa vivir de ilusiones si así soy feliz.”

En esa misma década, Álvaro Carrillo descaradamente narró la intimidad de los amantes con elevada elegancia con las frases: “Tanto tiempo disfrutamos de este amor, nuestras almas se acercaron tanto así, que yo guardo tu sabor, pero tu llevas también, sabor a mí…. Pasarán mas de mil años, muchos mas, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero allá, tal como aquí, en la boca llevarás, sabor a mí.”

Los rebeldes años 60 producen canciones más atrevidas e irreverentes para los cánones de la época. La descripción del amor cada vez es menos ideal y más gráfica o descriptiva, sin dejar de ser de una muy cuidada narrativa. Así lo expresó el maestro José Alfredo Jiménez: “Amanecí otra vez entre tus brazos, y desperté llorando de alegría, me cobijé la cara con tus manos, para seguirte amando todavía, te despertaste tú, casi dormida, tú me querías decir no sé qué cosas, pero callé tu boca con mis besos, y así pasaron muchas, muchas horas.”

Destaca la expresión de Rafael Hernández, al describir a una mujer en su canción Perfume de Gardenias: “Tu cuerpo es una copia de Venus de Citeres, que envidian las mujeres cuando te ven pasar.  Y llevas en tu alma la virginal pureza, por eso es tu belleza de un místico candor”.

Hablar de amor ha cambiado comparado con las décadas previas. Pero no debe pensarse que este debate es simple, sencillo, de menor importancia o de respuesta fácil. Muestra de ello se vio en la última entrega de los Globos de Oro, en donde las mujeres que asistieron a la gala lo hicieron vestidas de negro, como protesta para eliminar el acoso sexual del hombre hacia la mujer, y recibieron la inmediata respuesta de un importante grupo de mujeres francesas, quienes sostienen que la caballerosidad no es una agresión machista, y que el coqueteo insistente, torpe o no, no es violación ni delito.

Roberto Carlos compuso: “Yo soy de esos amantes a la antigua, que suelen todavía mandar flores, de aquellos que en el pecho aun abrigan, recuerdos de románticos amores.”  En contraste, los jóvenes de hoy se sienten más cómodos expresando sus sentimientos a través de mensajes de celular a celular.

En las canciones actuales se refleja las leyes que regulan nuestra convivencia social.  El conflicto entre el ser y el deber ser es inagotable. La búsqueda de lo correcto y la verdad siguen siendo problemas filosóficos sin resolver. Resulta más fácil encontrar tu canción favorita para celebrar a tu amor en este mes especial. ¿Será?

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