Bajo el argumento de ser más competitivo en las elecciones del próximo año, ante la mirada atónita de propios y extraños, con un golpe de timón del Presidente de la República y su fiel capitán Enrique Ochoa Reza, el Partido Revolucionario Institucional (pri) modificó sus estatutos para dar cabida a los “tapados” de Enrique Peña Nieto y permitirle maniobrar con toda tranquilidad y sin sobresaltos la designación del candidato de su partido a la Presidencia, rompiendo todos los candados que durante varias décadas fueron construyendo varios dirigentes priistas y que hace 6 años hubiera parecido una broma de mal gusto.

Luego de intensos debates y confrontaciones, la plana mayor del pri votó y aprobó el pasado mes de agosto en su xxii Asamblea Nacional Ordinaria celebrada en la cdmx, los cambios a sus Documentos Básicos que flexibilizan los requisitos para los candidatos a ocupar el cargo de Presidente de la República.

En dicho acto, Enrique Peña Nieto, primer priista del país, señaló que el partido ha renovado su vocación popular y su voluntad de seguir siendo protagonista de la transformación de México, afirmando que estos cambios son respuestas concretas a las demandas de la sociedad mexicana, de cada sector, del obrero, el campesino y el popular y de cada segmento de la población: “jóvenes, mujeres, adultos mayores, que deberán beneficiarse de la nueva agenda política que el PRI habrá de adoptar con base en este programa.”

Con este discurso y con estos cambios, epn dio un pase automático a los cuatro secretarios con los que está jugando su sucesión: José Antonio Meade de Hacienda, José Narro de Salud, Aurelio Nuño de Educación y Miguel Ángel Osorio de Gobernación. Este último era el único que no necesitaba los cambios para competir, lo que se ha interpretado como una señal de desventaja en su contra y de claro apoyo para los tres restantes aspirantes.

Los cambios más significativos son sin duda los dos siguientes: eliminar la exigencia que establecía el artículo 166 de los estatutos de contar con un mínimo de 10 años de militancia probada para poder contender por la candidatura presidencial, permitiendo ahora a los aspirantes-simpatizantes ser postulados como candidatos sin este requisito y quitar el requisito a que obligaba al aspirante la candidatura presidencial haber ocupado un cargo de elección popular, condiciones que no cumplían Aurelio Nuño, José Narro, ni mucho menos José Antonio Meade, quien parece ser el destinatario natural de estas modificaciones, que también incluyen asignar el 30% de las candidaturas a los jóvenes y prohibir la reelección inmediata de legisladores plurinominales.

En respuesta a los recientes escándalos de corrupción de ex-gobernadores priistas, otro cambio que llama la atención es la creación de la Secretaría Anticorrupción, con la promesa de hacer a los candidatos priistas corresponsables con su partido en la transparencia y rendición de cuentas, aprobando la creación de medidas para prevenir, investigar, sancionar y vigilar conductas de corrupción.

Con la modificación de sus documentos básicos, que permiten que todos los militantes y simpatizantes tengan acceso a las candidaturas, epn pretende tirar una carambola de tres bandas: colocar cómodamente en la candidatura a su “delfín”, dejar fuera del juego a los “molestos” políticos tradicionales y enfrentar con mayores posibilidades de éxito y con una posible alianza al puntero de morena Andrés Manuel López Obrador.

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